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La vida y los lapachos


La explosión de belleza en el florecimiento de los lapachos, que ocurre una vez al año, se asemeja a la expresión de gracia que es la vida. El Creador nos ha regalado amablemente la oportunidad de vivir mientras, diariamente, millones están partiendo, ¿no es así? Sin embargo, de vuelta con los lapachos, esos árboles modestos y de tallos sencillos surgen en una floreada tsunámica, con sus copas proporcionando raros espectáculos a cielo abierto. Los lapachos son intrépidos, porque desafían el tiempo más frío y más seco, para embellecer una época escasa de flores y colores. Hay una cierta urgencia de admirarlos, pues como toda gran presentación, ellos no están mucho tiempo en exhibición. Hasta rimó, ja, ja, ja, ¡sin querer! En morado, púrpura, rosa, blanco y cuatro tipos de amarillos, los lapachos estallan de flores solo durante una semana. Así como la vida, el florecimiento de los lapachos pasa rápido. Sacamos fotos de ellos y con ellos, se las mostramos a nuestros amigos en las redes sociales y los saludamos con reverencia como un compañero en el camino que pasamos, pero cuando nuestros ojos se están acostumbrando a aquella belleza, las flores desaparecen. En un determinado año en Brasilia, llegué a contar más de veinte lapachos amarillos muy «eléctricos» en mi camino del Asa Norte al Asa Sur. Sin embargo, aprendí en el cerrado brasileño que se capta la belleza del lapacho inmediatamente, porque las flores se van rápido y ni yo ni aquel árbol sabemos si habrá un próximo año para nosotros. Muchas veces, ya me he arrepentido de haberlo dejado para registrar después, porque no hubo ese después. Por lo tanto, la vida es un florecimiento del lapacho. Bella, pero breve y ligera como un soplo. ¡No espere una ocasión especial para decir cuánto ama a esa persona! ¡No espere que le pidan perdón para perdonar! ¡No espere un lecho de hospital para para tomarse una foto con alguien! ¡No espere una crisis para tomar una decisión que ha sido pospuesta! ¡No espere llamar, abrazar y agradecer! Creo que la vida no se termina aquí. Continuaremos existiendo, pero en una realidad completamente diferente a la de ahora. Por Núbia Siqueira

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