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La fe que cree frente a la fe que siente

Aprende la diferencia entre usar la razón y la emoción, y cuál es el mejor camino para relacionarte con Dios

Todos nacemos con una fe emotiva que está cimentada en los sentimientos, ello lleva a la persona a vivir de acuerdo con lo que siente y a basar sus decisiones en los impulsos del corazón, en el sentimentalismo y en lo que sus ojos ven, pues es una fe natural. Por otro lado, la fe racional no está basada en lo que se siente o se ve, sino en la Palabra de Dios y en la certeza de que no fallará. Es algo espiritual. «Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicciónde lo que no se ve.» (Hebreos 11:1). Es común que las mujeres sean consideradas más sentimentales que los hombres. Pero, cuando una mujer conoce el poder de la fe y busca vivirla, ella deja de ser dominada por los sentimientos. Es claro que continuará sintiendo alegría, indignación, amor, y otros sentimientos, pero la diferencia es que no será dominada por ellos. Así, sus actitudes serán tomadas de forma racional e inteligente. Por ejemplo, esas dos cualidades de la fe podemos verlas en Sara, esposa de Abraham, como un ejemplo de alguien que en algún momento se guio por la fe emotiva, hasta que sufrió las consecuencias de eso y despertó su fe racional. Pues durante mucho tiempo, estuvo deseando tener un hijo. Pero, el tiempo pasó, la menopausia llegó y entonces, movida por la fe emotiva, impulsó que su esposo y su sierva estuvieran juntos para que él pudiera tener un hijo. Producto de eso su sierva Agar quedó embarazada y empezó a despreciar a Sara. Fue allí que ella comenzó a sufrir y se dio cuenta de cuánto se equivocó. Pero ¿cuántas veces nosotros no actuamos igual? A causa de la demora, le damos una «ayudadita» a Dios. Pero fue por medio del dolor y del rechazo de su propia sierva que Sara entendió su error, y cuando entendemos nuestra falla, aprendemos a actuar de la forma correcta.

Fe Racional Con base en el ejemplo de Sara, el primer paso para desarrollar la fe racional es reconocer cuál ha sido tu fe. En consecuencia, se debe pagar el precio de esa decisión: renunciar a los propios deseos para invertir en una vida con Dios. Sara optó por la fe racional, por eso la Biblia relata en Hebreos 11:11 que: «También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel al que lo había prometido.». Lo más valioso de la fe espiritual es que ella es la que nos une a Dios. «Ysin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan.» (Hebreos 11:6). Con respecto al versículo de arriba, el obispo Edir Macedo destacó la importancia de la fe: «lo que el Altísimo exige en la relación de Él con el hombre es lo mismo que nosotros exigimos en nuestras relaciones humanas. Es decir, ¿qué padre está feliz con un hijo que desconfía de él o qué marido está satisfecho al saber que su esposa no cree en su palabra? De esa forma, es simple comprender que, para ser aceptado por Dios, el ser humano debe estar impregnado del espíritu de fe. Eso significa que es preciso creer que Él existe, en otras palabras, tener la absoluta convicción de que el Todopoderoso es quien dice ser: Autoexistente, Omnipotente, Omnipresente, Omnisciente y galardonador de los que le buscan. Es decir, Dios tiene un carácter justo y fiel para recompensar cada oración y cada gesto de obediencia a Su Palabra».

Pero, lector, si tu decisión es vivir de acuerdo con tus voluntades, puedes hacerlo, pues tienes el libre albedrío, sin embargo, prepárate para recoger los frutos de vivir inclinado a las emociones, pues ese es un camino infalible para el dolor y el fracaso.

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