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El soldado y el pastor


Desde que la guerra comenzó, acompañamos diariamente las noticias de los ataques entre Rusia y Ucrania. Son misiles, bombardeos, drones “kamikazes”, innumerables embestidas rusas contra las ciudades ucranianas, que son defendidas por soldados dispuestos a dar la vida para proteger a su pueblo y guardar a su nación. El escenario es de pérdidas, destrucción, sufrimiento, escasez e inestabilidad. Pero, existe un grupo de hombres y mujeres separados por el Espíritu Santo para traerles alivio, hospitalidad y paz a los que viven en el territorio ucraniano. Es con estas realidades en mente que lo invito a sumergirse en esta reflexión que una esposa de pastor, en servicio en Ucrania, nos compartió. “Mi marido y yo tuvimos que ir a la capital al principio de esta semana. Durante el viaje de regreso a la ciudad donde servimos (Leviv), compartimos nuestra cabina del tren con un hombre y un soldado. Durante el viaje, conversamos, compartimos comidas y experiencias. En cierto momento, mi mente me llevó a pensar sobre cuán semejante es la vida de un soldado con la misión del pastor y voy a explicarle el porqué. Al entrar en la cabina del tren, el soldado solo tenía consigo la ropa del cuerpo. No cargaba comida ni agua. Le compartimos la comida y el agua que teníamos y, así, no le faltó nada. De la misma forma, el pastor deja todo hacia atrás para servir a Dios en el Altar. Él no trae consigo nada más allá de su ropa, y a veces ni siquiera ropa. Pero el Señor de esta Obra no permite que nos falte nada. Si es necesario, Él envía incluso a “cuervos” para suplir nuestras necesidades, como lo hizo con Elías. El señor que nos acompañó, al entrar a la cabina, dijo: “Este vagón es muy viejo, no tiene esto, no tiene aquello”. Por otro lado, el soldado dijo: “Para mí, ¡este vagón es un hotel 5 estrellas!”. Él nos mostró la cama en la que durmió durante 8 meses, mientras estuvo en el campo: en el suelo de tierra, sobre una colchoneta bien finita de hacer ejercicios. Enseguida recordé nuestra cama improvisada en la iglesia, donde hemos dormido. Alquilamos recientemente ese inmueble y, debido a las prioridades con la iglesia y el pueblo, aún no fue posible alquilar una casa. Vivimos en la iglesia, pero eso no hace ninguna diferencia. Tenemos un dormitorio con comodidad y una cama calentita, todo lo que necesitamos para tener una excelente noche de sueño. Es nuestro “resort” ¡y Le damos gracias a Dios por todo lo que nos proporciona! El soldado no veía a su familia desde el inicio de la guerra, en febrero. Aquel día libre sería su primera visita a su casa después de estos 8 meses. Le dieron 5 días para ver a su familia y estaba muy feliz por esa oportunidad. Pero el hombre que nos acompañaba lo cuestionó, dijo que un amigo había recibido más tiempo, 10 días. Pero aquel guerrero le explicó que quien recibe más días, generalmente, está en situaciones graves de muerte o heridas en la familia. Él dijo: “Voy, pero regresaré enseguida, mi cabeza está en la línea de frente de la guerra”. ¿Y no sucede lo mismo con el pastor? Su vida es dedicada a la predicación del Evangelio. No importa el país, el lugar, si hay iglesia o no, donde Dios escogió para que él sirviera es donde el pastor quiere cumplir su llamado. Sus pensamientos están permanentemente ocupados con el propósito que recibió: ¡salvar almas! Él incluso tiene su día libre, pero frecuentemente renuncia a este para atender las necesidades de la iglesia. Su vida es del Altar y un día sin estar en la iglesia ya es mucho. El soldado también nos compartió que, en cierta ocasión, su superior le dio la misión de caminar 20 kilómetros con el uniforme, protecciones contra proyectiles (prendas muy pesadas) y armas. Todos los aparatos pesaban más que su propio peso. Y él cumplió la orden, sin reclamar ni cuestionar, porque sabía que, entre los de su equipo, él era el único que tenía condiciones físicas para ejecutar la tarea. ¡Dios actúa exactamente así con Sus siervos! Él les da a todos los que Le sirven exactamente lo que sabe que pueden soportar. Jamás nos dará algo que esté más allá de nuestras fuerzas o que nos hará perecer. Si estamos en Su dependencia, Él siempre nos ayudará a vencer todo tipo de situación. Le conté a aquel joven que mi padre no había sido convocado debido a un problema en su mano derecha. Esto le impide usar un arma, por ejemplo. Los reclutadores le explicaron que sería mejor que él regresara a su casa, pues no lograría defender a su compañero (los soldados siempre están en parejas), podría complicar una situación de rescate. Aquel guerrero explicó que, en el campo de batalla, ningún compañero puede ser dejado atrás. Si algún soldado es herido, es traído aunque sea cargado en los hombros. ¿Y el pastor no hace lo mismo? Si una de las ovejas se pierde, él la busca (la llama, le manda mensajes, va a su casa) y la trae de vuelta para que haya Salvación. Cuando un compañero necesita ayuda, somos la familia de la fe que se cuida unos a otros. En cierta altura de la plática, el señor interrumpió la conversación y terminó confesando que no fue ni siquiera llamado para presentarse. Y el soldado lo animó: “Si todos van a la guerra, ¿quién generará el sustento? ¿Cómo tendrá condiciones el país de pagar los gastos de la guerra? ¡El soldado no es mejor que el empresario y viceversa! Cada uno tiene su papel”. Del mismo modo, no todos son llamados para servir a Dios en el Altar. Pero eso no significa que unos son más importantes que otros. Todos los papeles son fundamentales en la Obra de Dios y se completan para establecer la iglesia. El pastor sirve en el Altar, pero quienes sirven en el Atrio (obreros, evangelizadores, jóvenes, educadoras, miembros) forman parte del Cuerpo del Señor Jesús y están involucrados en la responsabilidad de propagar el Evangelio tanto como el pastor. Una última reflexión es que la vida del soldado es blanco precioso para el enemigo. Él sabe que si alcanza a un ciudadano común quitará una vida, pero cuando se derrumba a un soldado, se abre el camino para la conquista de la nación. A fin de cuentas, detrás de un soldado hay muchas vidas involucradas… ¡La misma responsabilidad que un pastor carga! Cuando se hiere al pastor, ¿cuántas ovejas son heridas también? A veces, incluso ovejas que ni siquiera están bien cerca de él son alcanzadas. Es por eso que el diablo trabaja tanto para derrumbar al pastor. Él conoce el potencial que eso tiene para escandalizar al pueblo, cuánto dolor eso puede provocar. Él no puede tocar a Dios, pero su objetivo es alcanzar a los que viven en el Reino de Dios. Fue una experiencia que aún me está hablando mucho. Tuvimos la oportunidad de evangelizarlo. Y él fue muy sincero, expuso que no duerme bien, que tiene pesadillas con las muertes que provocó, con las escenas que vio. Su mente siempre es invadida por las fuertes imágenes de los cuerpos y de las partes de los cuerpos esparcidos, llenos de sangre. Él grita cuando sueña. Se siente lleno de culpa y de pecados por tener que matar a personas. Era visible esa dificultad, pues tenía los ojos muy rojos, incluso parecía alcoholizado debido a la falta de descanso. Pudimos conversar bastante con él, que nos oyó atentamente. Yo creo que el Espíritu Santo pudo trabajar en su ser, trayéndole paz”. Colaboró: Anastasiia Da Silva Oliveira (Ucrania) Extraído del blog del Obispo Macedo

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