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Una forma de madurar


Una de las mejores formas de madurar es pasar por problemas en solitario, lejos de todos los que le aman, para que entonces usted aprenda a valerse por sí misma y finalmente depender de Dios. Cuando nos casamos, fuimos enviados a trabajar fuera de Brasil, en una ciudad fría y distante, lejos de las personas que me conocían más y cerca de quienes solo me veían como la hija del obispo Macedo. No fue nada fácil, pero fue importante para mí, para mi vida espiritual, para que lo que el Espíritu Santo quería hacer en mí a través de mí. Yo no elegí ser hija del obispo Macedo, pero elegí no apegarme a eso cuando pasé por diversas tribulaciones, pruebas, malentendidos, prejuicios, persecuciones, experiencias amargas y soledad. Y es por eso que Dios me ha ayudado hasta aquí, porque me apegué a ÉL. Hoy hago lo mismo con quien amo. Que crezcan, se desarrollen y se apeguen a Quien realmente lo merece. Porque amo, confío que Dios va a cuidar, enseñar y hacer lo que yo no puedo hacer. Y sigo sirviéndole en todo, para siempre poder decir: ¡Heme aquí, Señor! Por Cristiane Cardoso

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