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Pinta de libre, vida de esclavo

  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

1.° Encuentro de Hombres de Verdad en Sudamérica

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Romanos 8:1

El Espíritu Santo deja claro que, PARA QUE SEAMOS VERDADERAMENTE FELICES, necesitamos ser libres de DOS COSAS:


  1. Del recuerdo de un pasado malo.

  2. Del miedo a un futuro malo


Por eso Afirma:

no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús”. Romanos 8:1

Es decir, el pasado ya no tiene poder sobre aquellos que están en Él.

Sin embargo, muchas personas arruinan su matrimonio, la relación con sus padres e hijos, su familia, su trabajo y sus amistades por sufrir por cosas que:


• Aún no sucedieron.

• O ya pasaron.


Se hacen sufrir en su propia mente y en su espíritu, y eso se refleja en el alma con un corazón pesado, cargado y amargado.


Pero el Texto continúa diciendo:

“los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu”. Romanos 8:1

Cuando no vivimos guiados por el Espíritu Santo, es decir, por los Pensamientos de Dios, terminamos siendo esclavos.


Y por eso muchas veces sufrimos más en la imaginación que en la realidad, aferrándonos a decepciones del pasado, ya sean las que causamos o las que nos causaron.

De esta manera, tampoco nos sentimos seguros para enfrentar los desafíos del futuro.


El pasado y el miedo tienen algo en común: nos roban el presente y estorban el mañana.


Es simple de entender, pero difícil de vivir.


Si todavía te sentís condenado por tu propia conciencia, ya sea por algo que hiciste, hacés o incluso deseás, y eso te domina:


  1. comodidad,

  2. vicios,

  3. miedo,

  4. nerviosismo,

  5. religiosidad,

  6. ansiedad,

  7. orgullo,

  8. incredulidad,

  9. trauma,

  10. ingratitud, entre otras cosas…


… SON justamente estas ATADURAS las que gobiernan tus pensamientos y te hacen esclavo, aunque aparentes ser libre. En realidad, te volvés cada vez más dependiente de cosas, personas, lugares y pensamientos.


Pero cuando permitís que el Señor Jesús entre en tu mente, corazón y cuerpo, entonces comenzás a experimentar la verdadera libertad.


Porque ya no vivís según lo que ves, sentís, pensás, decís o hacés, sino según lo que Cristo Jesús Dice, hace y espera de vos.


Y si reconocés que todavía no sos completamente libre, entonces es momento de dar un paso más: orar, confrontar tu propio “yo” y luchar contra el mal que te atormenta.


¡Nos vemos en la IURD o en las Nubes!

Obispo Julio Freitas

 
 
 

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