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«Pensaba que mi vida no valía nada»


«A raíz de la separación de mis padres, empecé a tener muchos complejos y sentimientos de que nadie me quería. Dentro de mí creció una tristeza y vacío enormes en mi corazón, ya que no veía a mis padres juntos, sino veía pelear y discutir. Cuando comenzó mi adolescencia, me involucré con amistades que no me convenían. Como el vacío y la depresión fueron creciendo, intenté llenarlo llamando la atención de las demás personas para sentirme, de cierta forma, querida. A partir de eso, creo que lo más fuerte fue cuando empecé a relacionarme con hombres. No podía estar sola, tenía ese sentimiento de que alguien me quisiera para sentirme bien. Todo eso fue perjudicándome, me acuerdo de que, en las noches, me sentía con un vacío enorme. Era en esos momentos cuando venían los pensamientos de suicidio. Mi mamá me invitó a la iglesia Universal, ahí un pastor dio una palabra muy fuerte. Recuerdo que él dijo: “Si su vida es puro sufrimiento, la vida no vale nada, hay solución para usted que piensa que es un caso perdido”. Y era exactamente lo que yo estaba pensando en ese momento, que mi vida no valía nada.

Empecé a escuchar del Espíritu Santo, que Él puede hacerme una nueva persona, que no importa el pasado, Él cambia todo. Si uno tiene vacío y soledad, solamente la presencia de Dios la puede llenar. A partir de entonces, me despertaba en las madrugadas a orar, a buscar, a leer la Palabra de Dios, a meditar en ella, a buscar la presencia de Dios. Me preparé espiritualmente, dejé todo lo que sabía que Dios no quería más en mí. Saqué todo lo malo dentro de mi corazón, ya no quise saber absolutamente nada de mi vida pasada, de noviazgos, amistades, de todo lo que me hacía sufrir. Solo tenía mi enfoque en Dios. Recuerdo que, cuando recibí el Espíritu Santo, fue algo inexplicable. Recibí paz, tranquilidad y la seguridad que el Espíritu de Dios me llenó con Su presencia. Ya no tuve dudas, miedos e inseguridades. Mi vida cambió. Ya no me siento vacía ni sola, ya no necesito nada del mundo para sentirme bien y aceptada, porque la presencia de Dios me hace ver y saber ese valor dentro de mí. Y solamente Él me puede dar esa alegría y felicidad que tanto estuve buscando. Sin el Espíritu Santo no podemos nada, porque es el todo que habita en el ser humano.» -Ana Lilia Almaraz «No vales nada», es lo que muchos piensan de su vida Muchos jóvenes y adultos creen que su existencia no vale la pena. Sin dirección, intentan llenar ese vacío con lo que el mundo les presenta. Quizá ese ha sido tu caso… Sin embargo, historias como las de Ana Lilia demuestran que sí existe un solo camino hacia esa plenitud total. El Ayuno de Daniel es esa oportunidad para entregarte totalmente a Dios. Son 21 días en los que te enfocarás en los pensamientos de Dios. Y si quieres saber qué hacer durante los 21 días de ayuno de contenido secular, te recomendamos leer este artículo.

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