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No pierda su confianza


«No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón.” Hebreos 10: 35

Dios dotó al ser humano con fe, confianza y esperanza, es decir, con todo lo que necesita para vencer las luchas y situaciones, sin embargo, muchos dicen no tener esperanza de una nueva vida, alegando no tener fe para eso. ¿Por qué perdieron la confianza? Siendo que Dios prometió una recompensa para los que la mantienen.


“porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. Hebreos 10: 36

Es necesario ser paciente, pues Dios tiene su tiempo, nuestra parte es tener confianza para que no perdamos el galardón, la bendición. Hacer la voluntad de Dios no ha sido fácil para nadie, sin embargo, no es admisible que las personas sepan lo que está escrito en la Palabra de Dios y aún así vivan con odio en el corazón, mintiendo, engañando, robando en el diezmo, es decir, viven rehusándose a la voluntad de Dios, sin embargo, quieren todas las bendiciones de Él. Las bendiciones sólo se conquistan cuando la persona confía a tal punto que entrega por completo su vida a Dios.

30 años de infelicidad

"Desde la infancia cargaba en mi interior traumas que no conseguía superar, debido al abandono y sufrir maltratos físicos como verbales. Cuando llegué a la adolescencia, llegaron también diversos problemas espirituales: constantes dolores de cabeza e insomnio. En esa etapa de mi vida conocí al que sería el padre de mis hijos; ilusionada y esperanzada en que todo sería diferente, formé un hogar con él, pero pasado un breve tiempo, me abandonó, dejándome desamparada con mis tres hijos; fue un shock para mí, pues era muy dependiente de él. En aquella circunstancia no sólo tenía que suplir las necesidades de los niños, debía también cubrir todas las deudas que él había dejado. Hubo días en que nos acostamos sin comer. Fueron 30 años de sufrimiento, los que sólo terminaron cuando llegué a la Iglesia Universal. Después que entendí el porqué de tantos problemas y escasez, el primer paso que di fue entregar mi vida por completo a Dios, con el paso del tiempo, tras participar en diversas reuniones aprendí a usar mi fe y determiné que mi vida cambiaría con la intervención del poder de Dios ya que por mis propios medios hasta ese momento no había conseguido nada. Dios no me defraudó y poco a poco fui viendo cómo las cosas se iban transformando, no sólo en mí sino también en mis hijos. Hoy no existe más aquella mujer frágil interiormente, pues perdoné y fui perdonada por Dios. Recibí el Espíritu Santo y Él me dio paz, me fortaleció y cambió mi manera de pensar. Mis hijos son profesionales, ya no hay escasez en mi hogar, al contrario, somos una familia feliz y unida." Sra. Carmen Nazareno

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