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Mejora tu oración con estos 3 consejos


La oración es una de las herramientas fundamentales para conquistar por la fe. No hay fe sin oración y no hay oración sin fe. Si el propio Dios, en la persona del Señor Jesús, tuvo que orar, imagina nosotros. El apóstol Pablo señaló que nosotros tenemos que orar sin cesar, esto quiere decir que lo debemos hacer continuamente. Muchas personas a veces creen en Dios, pero no en el poder de la oración. A partir del momento en que la persona habla con Dios, mereciéndolo o no, en donde sea que haga la oración, Dios la oye pues lo invoca con sinceridad. Reserva un momento para hablar con Dios, lejos de las distracciones, como está escrito en Mateo 6:6:

«Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará», pero no olvides que Dios busca sinceridad en nuestras oraciones, por eso, de nada sirve que hables solo por hablar y no tengas un objetivo en tus palabras. Por eso aquí te presentamos unos consejos para tener una conversación más eficaz con el Altísimo, libre de las distracciones que tienden a desviar tu atención del objetivo principal:

  • Cierra los ojos

Nuestros ojos desvían nuestra atención cuando miramos para alguien o para algo, llevando nuestros pensamientos lejos de Dios. Es importante hacer el esfuerzo, pues cuando alguien ora se está entregando y se enfoca en lo que está hablando con Dios. Al cerrar los ojos empiezas a fijarte en ti y no en lo que está a tu alrededor.

  • Ora en voz alta

No ores solo con la mente, aunque estés con los ojos cerrados, pues la mente cambia muy rápido de pensamientos. De un momento a otro puedes pasar de estar hablando con el Espíritu Santo, a pensar si no dejaste al gato encerrado en el baño, sin querer; es decir, ya desviaste tu atención de la oración. Al orar en voz alta, te esfuerzas en pensar y organizar tus pensamientos, lo cual te hace permanecer atento a tu oración.

  • Usa la imaginación

«… la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» (Hebreos 11:1). Dios es invisible, pero cuando se ora debemos ser capaces de imaginar que el Señor Jesús está aquí en frente de nosotros. Esto no significa que tengas que imaginar Su apariencia, sino que puedes verlo como la Biblia lo presenta: el Mesías dice que es la luz del mundo, y en Apocalipsis se le describe con un rostro brillante como el sol. Por lo tanto, podemos imaginarlo así, oyendo nuestras oraciones. Distraerte hasta cierto punto puede ser normal, pero también es un arma maligna para apartarte de tu conversación con Dios. Procura en tu próxima oración usar los tres consejos que se dieron aquí. Al principio, para llevarlas a cabo, necesitarás esforzarte, pero con el tiempo será algo natural cuando ores. Si lo haces, notarás que tu oración es más eficaz de lo que ha sido hasta ahora y los resultados podrás verlos en tu vida.

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