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Envidiar y ser víctima de la envidia: ¿cómo vencer este mal?


La envida es un sentimiento que afecta desde diferentes ángulos. Por lo general, este sentimiento comienza por la vista. Es decir, el envidioso no se ve a sí mismo, sino a quienes le rodean. La felicidad y alegría ajenas le producen enojo, tristeza, frustración y el deseo de que al otro o a los demás les vaya mal. De hecho, se alegra cuando esto último sucede. Curiosamente, esta comparación y el anhelo de lo ajeno se da más con quienes tenemos mayor contacto. ¿Alguna vez te has preguntado por qué muchos no envidian a los famosos del pasado? ¿O por qué la persona no padece este sentimiento hacia un multimillonario reconocido? ¿Por qué este sentimiento recae más en el vecino, la prima, la hermana, amiga, nuera, etc.? Hasta puede que la persona envidiada no haya logrado grandes cosas en la vida, es más, tiene lo mismo que el envidioso, pero al enfocar la mirada en el otro, siempre se encuentra algo que envidiar: la ropa, el carácter, la apariencia, el marido, TODO. El acto de envidiar no tiene límites. Increíblemente, entre más veas a esa persona, peor es la envidia. Por eso no es raro que muchos amuletos usen el ojo como símbolo bajo el intento de protegerse contra ese mal. Muchos se enfocan precisamente en encontrar el modo de cuidarse contra la envidia, y quizá ese ha sido tu caso, pero ¿te has detenido a pensar si tú no estás siendo esa persona envidiosa? Lo creas o no, envidiar también te perjudica. Por una parte, porque quieres ver a tu prójimo o a tu propio ser querido sufriendo, perdiendo… Y por la otra, a la vez estás dañando tu interior, te descuidas a ti mismo(a) y no procuras lo que posees. La envidia es como una ceguera, no ves lo que ya tienes y lo que has logrado. Al dejarte guiar por ella, no reconoces tus propias debilidades para que así puedas fortalecerte, desarrollarte y mejorar. Es tan perjudicial que algunos llegan a pensar que prefieren perder antes que ver a otros triunfar. Entonces, ¿cómo protegerse de la envidia? Lo primero que debe quedar claro es que la envidia no es un acto normal ni común, mucho menos algo simple, pues su origen es bastante oscuro: «Comenzó cuando satanás envidió, deseó y anheló el lugar de Dios, quería ser igual e incluso más que Él. Y la envidia ha estado persiguiendo a la humanidad. Impulsado por la envidia, Caín mató a Abel; esto se estuvo arrastrando en la historia de Israel. […] La envidia es síntoma de una perturbación del mal dentro de la persona», explicó el Obispo Edir Macedo. También añadió que tanto el envidioso como el envidiado necesitan el Espíritu Santo, la presencia de Dios en su interior. Ya que, en el caso del primero, el Espíritu de Dios sana el interior de la persona y cambia su manera de pensar, su naturaleza humana; con el segundo, el envidiado es protegido por Él. «Cuando usted recibe el Espíritu Santo, se vuelve inmune al mal de ojo, a la brujería, hechicería, envidia… Es inmune a todo lo que el mal tiene contra usted. Una vez con el Espíritu de Dios en usted, vive con paz en su interior, no le tiene envidia a nadie porque ya posee al Todopoderoso en su interior». Es por eso que este viernes, en todas las Universal, la reunión de Liberación Espiritual tiene como enfoque darles fin a los estragos de la envidia. Arranca el mal desde la raíz por medio de tu fe. No se trata de querer el mal de quien te envidia, sino de ir tras la verdadera fuente de ese mal: el espíritu de la envidia. Y una vez libre de él, busca la presencia de Dios para que Él te proteja. Te esperamos este 28 de julio, a la 7:30 p. m., en el Templo de la Fe: Av. Cañoto #259, en el primer anillo. O bien, en la Universal más cercana a tu domicilio, consulta los horarios.

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