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El escondite perfecto


«Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.» (Salmos 32:7-8). Cuando estamos escondidos a la sombra del Altísimo, aunque pasemos por momentos de angustia, el Señor nos libera y pone cánticos alegres en nuestra boca. Él nos instruye, nos muestra el camino a seguir, alimenta nuestra alma con mucha paz y con Su mirada eterna, nos protege por toda nuestra vida. Por Ester Bezerra


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