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El arrepentimiento lleva a la persona a nacer del Espíritu


Hay muchas personas que piensan que fueron bautizadas en las aguas, pero la verdad es que no lo fueron, porque no abandonaron sus propios pecados. Apenas entraron en las aguas como pecadores secos y salieron como pecadores mojados, pues el bautismo en las aguas debe representar el sepultamiento de la naturaleza carnal.


El primer discurso de Juan el Bautista es claro:


“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3: 19).

Eso quiere decir que, el arrepentimiento es fundamental para el bautismo en las aguas y que nadie puede bautizarse sin estar consciente de que necesita morir para el mundo y nacer para el Señor Jesús.


Por lo tanto, cuando la persona se bautiza en las aguas, ella debe tener conciencia de lo que está haciendo, necesita estar consciente de que está abandonando las viejas prácticas, las malas actitudes, las cosas erradas para hacer la Voluntad del Señor Jesús.

Cuando ella se bautiza, su cuerpo, sus deseos y sus codicias deben quedar sepultadas dentro de las aguas.


Actuando así, cuando la persona se levanta de las aguas, también se levanta junto con ella una nueva vida. Entonces, luego del arrepentimiento y del bautismo en las aguas, la persona busca recibir el bautismo con el Espíritu Santo y Lo recibe.


Cuando la persona se bautiza, su cuerpo, sus deseos y sus codicias deben quedar sepultadas dentro de las aguas.

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